Hotel Tolimán es más que una habitación cómoda, limpia y bellamente decorada. Entre sus jardines mágicos, aves, montañas y el lago, el tiempo parece caminar más despacio. Llegué como visitante y, gracias a su gente cálida y eficiente, me voy con la sensación de haber encontrado un pequeño hogar. Recomiendo este acogedor rinconcito para descansar, contemplar y recordar que la vida también es dejarnos querer y abrazar por su gente, su cielo y su grandeza natural.